Nuevo sistema de tratamiento cloacal: las etapas que faltan para su funcionamiento pleno
Ricardo Requena precisó que, inicialmente, la planta ubicada en la zona sur, podrá procesar las descargas de los 250 mil vecinos de Resistencia, Barranqueras y Vilelas que cuentan hoy con el servicio de cloacas.
Las dos obras que componen el Plan Director de Cloacas del Área Metropolitana del Gran Resistencia -un sistema de colección e impulsión y una planta de tratamiento de líquidos cloacales-, inauguradas el martes con la presencia del jefe de Gabinete de la Nación, Santiago Cafiero, y del ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis, constituyen el punto culminante de trece años de trabajo y gestiones sin pausa del gobierno provincial y de la empresa Sameep.

Un día después de la inauguración, el ingeniero Ricardo Requena, gerente de Planificación de Sameep, repasó con NORTE los principales beneficios de una obra de características y tecnología únicas en el país, su alcance y las sucesivas etapas hasta lograr el funcionamiento pleno.
Así, como punto central, explicó que la planta de tratamiento de líquidos cloacales ubicada por avenida Urquiza, en la zona sur de Resistencia, está preparada para procesar la descarga de efluentes del más de medio millón de habitantes del Área Metropolitana, e inicialmente de los 250 mil que cuentan hoy con el servicio de cloacas en Resistencia, Barranqueras y Puerto Vilelas. Todo ese caudal se volcará a la nueva planta en dos meses, cuando terminen de hacerse las conexiones al colector principal. Mientras que Fontana tiene un sistema autónomo, que deberá conectarse al nuevo.
Con las conexiones realizadas hasta ahora, entre el antiguo sistema y el nuevo colector, Requena estimó que la planta produce alrededor de un 30% del líquido cloacal con respecto a su capacidad total. “La gran incursión que va cruda al río, descargará en la estación de bombeo de Barranqueras. Ese es el gran volumen y se hará (la conexión) en los próximos días, para enviar a la planta de tratamiento un mayor caudal”, adelantó.

Otro dato que dio el funcionario es que, considerando la totalidad del líquido cloacal que produce Resistencia, actualmente se envía a la nueva planta de tratamiento un 25%. “Los reactores necesitan mucho líquido y barro (bacterias) para funcionar mejor”, apuntó.
Precisamente, la tecnología de Reactores Anaeróbicos de Flujo Ascendente es lo que hace a esta planta de tratamiento única del país en materia de saneamiento urbano. “Para que empiecen a funcionar, los reactores necesitan bacterias. Hay que esperar un tiempo para que se generen. El líquido cloacal ingresa por debajo y va pasando por un manto de lodo (barro, bacterias), y los bichos se comen la materia orgánica”, graficó Requena.
En esa línea, amplió: “Cuando empiecen a funcionar a régimen los reactores, se podrán generar los subproductos, dentro de dos o tres meses”. Es decir, el compost, biodiesel y biogás, aunque para éstos dos últimos es necesario incorporar nuevos equipamientos. “Las bacterias, cuando degluten la materia orgánica, generan metano y dióxido de carbono (gas). Dentro de los reactores hay unas campanas donde se orienta la salida de gas. Y con las grasas se hará el biodiesel”, explicó.
El único subproducto que se ocupará, por ahora, es el barro. “Hay gente preparada para extraerlo. El lodo se secará en playas de secado, se juntará y mezclará con materia orgánica de árboles. Se formarán pilas de barro con vegetales y se transformará en abono, fertilizante de uso agrícola”, precisó.
Un sistema con fecha de vencimiento
Requena recordó que Resistencia tiene un sistema cloacal con dos descargas: “Más del 50% va a la estación de bombeo que está en Calle 4 y Juan B. Justo, en la esquina del viejo Hospital Pediátrico, y desde ahí a través de un caño de gran magnitud el líquido va crudo hasta el riacho Barranqueras. Ese sistema colecta todo el líquido de la zona comprendida entre la vía del ferrocarril hacia el norte”, indicó.
Mientras que desde las vías hacia el sur hay otro sistema que envía el líquido hacia los sistemas de lagunas de tratamiento, algunas ubicadas detrás de la terminal de ómnibus, otras en la zona del barrio Güiraldes, y el resto en Barranqueras. Hay alrededor de 20 lagunas en el Área Metropolitana.
Un cambio radical


Como contraste, el sistema nuevo de colección e impulsión de líquidos cloacales se apoya sobre un gran caño colector (de 1,2 metros de diámetro) que se extiende desde ruta 11 hasta una estación de bombeo ubicada frente al barrio Güiraldes. Mientras que la estación de bombeo ubicada en Tatané y Castelli, en Barranqueras, capta todo lo generado en la localidad y lo impulsa a través de un caño colector hacia esa estación frente al Güiraldes. Y desde aquí, llega a la nueva planta de tratamiento.
“Hasta ahora, conectamos parte de lo que va a la zona sur. Esas cañerías que iban a las lagunas de oxidación, las estamos conectando al colector para que vaya el líquido hacia la planta. Ya conectamos al barrio Llaponagat, Centenario, al 400 Viviendas, al Malvinas”, precisó Requena.
El sistema de colección e impulsión, hasta la planta, consta de un total de 29 kilómetros de cañerías, entre principales y secundarias, a lo que se suma la rehabilitación de 14 estaciones de bombeo en toda el AMGR.


Los dos pilares de operación de la planta
Para describir el funcionamiento de la planta de tratamiento de líquidos cloacales, hay que visualizar dos etapas. La primera es el pre-tratamiento. Aquí, el afluente ingresa por la cámara de entrada, luego pasa por tamices rotativos y posteriormente pasa al desarenador-desengrasador. Este módulo se encarga de extraer las arenas y las grasas.
El proceso consiste en un desarenador con incorporación de aire que provoca la separación de las arenas que sedimentan en el fondo y las grasas que flotan en la superficie. Las arenas son conducidas hacia las playas de secado y los flotantes van a una canaleta de colección a un contenedor.
Esta etapa tiene como objeto remover residuos que trae el líquido cloacal que puedan dificultar su posterior tratamiento, evitando así dañar las instalaciones y equipos de la planta. Los sólidos retenidos serán enviados por una cinta transportadora a un contenedor para su disposición final.
La segunda etapa es el tratamiento biológico. Luego de la salida del pre-tratamiento, el líquido se reparte y conduce a los reactores biológicos RAFA (Reactor de Flujo Ascendente). Estos reactores tienen una eficiencia de 60 a 80% en función de la carga orgánica del afluente DBO y/o DQO. Normalmente, el líquido que sale del reactor necesita un tratamiento adicional. Este pos-tratamiento consiste en lagunas facultativas (de pulido) y luego es conducido a la Estación Elevadora de Líquidos Tratados donde se clora para impulsarlo al cuerpo receptor que será el riacho Barranqueras.
El funcionamiento del reactor consiste en el ingreso de flujo ascendente del efluente a tratar, que atraviesa un manto de lodos (sólidos suspendidos y bacterias en crecimiento) donde los procesos bacterianos conducen a la eliminación de la contaminación orgánica. La turbulencia natural al ascender el flujo genera biogás y el lodo en exceso es extraído y conducido a las playas de secado para su deshidratación.
Gestiones, viajes, idas y vueltas
La historia desde la idea inicial hasta la obra terminada
“No fue una obra fácil”, describió en la inauguración, el martes, el gobernador Jorge Capitanich. Y así lo corrobora el tiempo que pasó entre la idea inicial y las obras finalizadas, que distan de aquella planificación inicial, pero mejoraron el resultado final y la perspectiva a futuro.
Requena repasó el camino iniciado en 2008, que implicó muchas horas volcadas a un proyecto, gestiones, viajes y no bajar nunca los brazos ante los obstáculos. “Surgió la necesidad de erradicar las lagunas de tratamiento detrás de la terminal, en el barrio Güiraldes, en la calle Urquiza y en Barranqueras. Había una demanda y reclamo de gente que comenzó a afincarse en cercanías de las lagunas”, reveló.
Técnicos del BIRF nos dijeron que el tratamiento adecuado no era el de lagunas sino uno intensivo. El proyecto era así, lo tomábamos o lo dejábamos.
Frente a ese problema, el entonces gobernador y Gustavo Martínez requirieron a los ingenieros Requena y Carlos Buffone (hoy jubilado, pero en actividad en la Gerencia de Planificación de Sameep) una solución.
En ese punto, el actual gerente de Planificación recuerda: “Había una cantidad de proyectos en los que habíamos trabajado años y nunca pudimos materializar por falta de financiamiento. Por aquella época se empezaron a activar. Contratamos a una consultora para hacer un proyecto del Plan Director de Cloacas del AMGR. Viajamos a Buenos Aires a fines de 2008, nos reunimos con el Banco Mundial. En 2009 íbamos a lanzar la obra dentro del Norte Grande, el gran programa que hizo posible muchas obras en el Chaco. Nos habían asignado financiamiento del BID. Hicimos todas las gestiones, vinieron los técnicos, vieron los terrenos, evaluaron la situación sanitaria y, cuando estaba por salir, el presupuesto no era suficiente”.
Fue aquel un primer gran obstáculo en el camino. Como aquel presupuesto no alcanzaba, el programa resolvió cambiar a un financiamiento del Banco Mundial (BIRF), lo que suponía mayores exigencias. “Me enojé mucho con el Programa Norte Grande, porque pensé que así el proyecto no iba a salir nunca”, contó Requena.
En definitiva, con nuevos recursos, el proyecto siguió su derrotero: “Mandaron antropólogos, especialistas en pueblos indígenas, ambientalistas. Citaron a vecinos de las lagunas de tratamiento y a quienes vivían a orillas del vuelco directo al río, en Puerto Vilelas. Nos preguntaron la ubicación adoptada para las lagunas, porque en el proyecto original queríamos hacer lagunas de tratamiento. Les mostramos un terreno, que no es el actual de la planta”.
Luego de varios meses, en base a toda esa información recolectada, el BIRF hizo una devolución sobre el proyecto, que no fue la esperada por los chaqueños. “Nos dijeron que el tipo de tratamiento adecuado no era el de lagunas extensivas sino uno intensivo. Nos aclararon que el proyecto era así, lo tomábamos o lo dejábamos. Había gestiones en marcha por tierras del Ejército Argentino, en proceso de pase a la provincia. Nos pasaron 4 chacras completas, que era lo necesario para el proyecto con las lagunas, pero al final terminamos usando media chacra, por el tratamiento intensivo de la planta”, reflejó Requena.
Las gestiones continuaron y, cuando se aprobó el proyecto con la idea del BIRF, se concretó una audiencia pública por el Plan Director de Cloacas del AMGR, que no era vinculante, pero tampoco tuvo oposición de quienes asistieron.
El devenir de los siguientes años transcurrió entre visitas de técnicos del BIRF de Buenos Aires, Estados Unidos y España, que venían a recorrer las zonas donde se emplazarían las futuras obras, con las limitantes de accesos que tenían por entonces los terrenos donde se terminaría por ubicar la planta de tratamiento. “Con la no objeción técnica, nos autorizaron a licitar en 2013. En octubre, licitamos los colectores y las estaciones de bombeo de Barranqueras y del Güiraldes; y en diciembre, la otra parte que era la planta”, recordó.
En enero de 2014 se adjudicó la obra del sistema de colección e impulsión, y en mayo de ese año, la obra de la planta. El monto total del presupuesto para ambas obras fue fijado en U$S 165 millones.
“Desde entonces, se avanzó más en los colectores que en la planta. Hasta diciembre 2015, el sistema de colección avanzó un 81% y la planta un 58%, promediando entre ambos un 70% de progreso. Y entre 2015 y 2019, el avance fue del 27%. A fines de 2019 estaba casi todo terminado”, reveló. De hecho, sólo faltaban las pruebas hidráulicas y empalmar los colectores. “Todo estuvo parado hasta mediados de 2020, con las empresas reclamando lucro cesante. Costó mucho que trajeran gente para terminar. Pero hubo gestiones del gobernador Capitanich y de Sameep, y logramos que se terminen las pruebas. Así llegamos a la inauguración”, repasó finalmente.










